La salud sexual y reproductiva, asegura el trabajo digno

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María Mercedes Quishpe es una líder comunitaria del Cantón Saraguro, ella como otras mujeres realiza varias tareas dentro y fuera de su hogar, que le significan tiempo y esfuerzo y no ha recibido un reconocimiento adecuado por las diversas actividades que realiza.

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Es una de las 1,069. 988 jefas de hogar que hay en el país. Para ella la enfermedad es casi un “privilegio” que no puede darse, porque es ella quien sostiene a sus 7 hijos, aunque la enfermedad es inevitable cuando esta expuesta a las condiciones precarias que resultan de la triple discriminación por ser: mujer, pobre e indígena. Indignada expresa: “Pero, nosotras en la casa ni siquiera tenemos tiempo para un descanso, tiempo para decir que mi cuerpo ya debe descansar”.

 

por: Gabriela Gomez @GaGomezT

Mientras María Mercedes, tejía sus artesanías, enseñaba y aprendía sobre las hierbas medicinales, hilaba la lana, cuidaba los wawas y se organizaba con otras mujeres; en Nueva York, otras mujeres se reunían para debatir sobre situaciones como la de ella en la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer (CSW siglas en ingles) que es una Comisión Orgánica del Consejo Económico y Social de la ONU (ECOSOC) encargado de la formulación de políticas de promoción de la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres.

En el discurso oficial de apertura Antonio Gutierres Secretario General de la ONU recalcaba: “En un mundo dominado por hombres, el empoderamiento de la mujer debe ser una prioridad”. Cada año, en el mes de marzo, se reúne a los 45 miembros que forman parte esta Comisión, de la cuales nueve personas representan a América Latina y el Caribe, entre ellas Ecuador. Para representar a Ecuador, el ex Presidente Rafael Correa delegó a Mónica Hernández a quien en 2016 organizaciones de mujeres y feministas rechazaron como representante del Estado ecuatoriano en tan importante reunión. Este año ella continuó representando al Ecuador en este escenario, las alarmas continuaron encendidas ya que a decir de muchas feministas, Hernández representa a uno de los sectores más conservadores que ha tenido una incidencia fuerte dentro de la política pública y vida de las mujeres durante la vigencia del régimen correista.

Pero la CSW61 en 2017 abordó el tema: “El empoderamiento de la mujer en el cambiante mundo del trabajo” entonces, ¿Qué implica las presencias conservadoras en estos escenarios? ¿Cómo podrían afectar a las mujeres como Mercedes?. Las organizaciones de mujeres que también participación en este espacio, alertaron de los riesgos para los derechos de las mujeres por la intervención de los intereses conservadores, neoliberales en estos debates. La Red de Salud de las Mujeres Latinoamericanas y del Caribe y otras organizaciones presentes en la CSW61 crearon una tendencia en redes sociales ( #AlertaRoja #CSDW61) que tuvo como finalidad denunciar que en los acuerdos que se estaban dando en el marco de esta conferencia mundial había retrocesos. ¿Se puede mejorar las condiciones laborales dejando de lado la salud, y los derechos sexuales y reproductivos? Esta Red de mujeres al respecto exponen: “Los derechos sexuales, los derechos reproductivos y la autonomía sexual de las mujeres y las niñas están fundamentalmente relacionadas con los derechos económicos, la independencia y el empoderamiento de las mismas. Los gobiernos deben comprometerse a crear leyes y políticas que garanticen y no criminalicen las decisiones que niñas y mujeres toman sobre sus cuerpos”.

Lea aquí comunicado de Red de Salud de las Mujeres Latinoamericanas y del Caribe – RSMLAC ¡Los derechos de las mujeres y las niñas NO se negocian!

Esto lo sabe bien Mercedes quien explica cómo la vulneración o la falta de acceso a los derechos sexuales y reproductivos que le permitan prevenir o postergar sus embarazos ha repercutido en su vida: “la desigualdad nos afecta mucho como mujeres y madres, yo diría con experiencia, he tenido siete hijos que les he tenido seguidos y eso me ha complicado muchísimo para tener un trabajo adecuado para mi. Estar con la barriga, estar con un niño recién apartado del seno y tener otro en brazos es complicado, además que hay que tener el sustento para la familia. Yo diría que para esta sociedad debe entender que no es solo tener sexo, encima a nosotras nos ponen la responsabilidad y eso afecta la salud de las mujeres”.

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Campo y ciudad, explotación por igual

La situación del trabajo en el campo, es vital para sostener al mundo pero principalmente el trabajo y esfuerzo de las mujeres campesinas, ya que según la FAO, dos terceras partes de la mano de obra femenina de los países en desarrollo está dedicada a actividades agropecuarias. A pesar que durante la década de 1990 se redujo la población que se dedica a tareas agrícolas por la migración, la industrialización, entre otras, las mujeres constituyen el 61% de quienes se mantienen en el campo. Lea aquí el informe de La mujer rural en un mundo cambiante.

Mercedes así lo cuenta: “El trabajo de las mujeres es muy difícil. Desde la mañana se levanta muy temprano se levanta y se acuesta también muy tarde, es un trabajo doble, además que tiene que trabajar para tener un recurso ya sea tanto artesanal, en cuidado de los huertos y ahí mismo el cuidado de los wawas que aveces no se puede hacer todo pero hay que hacer para tener”

Cuando las mujeres toman el espacio público, determinado socialmente para el género masculino, ¿Qué tanto mejora sus condiciones de vida? Para ello es importante mirar la situación en la que se mueven las mujeres en Ecuador. Para empezar, la representación femenina es del 50,5% de más de 16 millones de personas, según el INEC en estadísticas publicadas en marzo de 2014, la participación de las mujeres se incrementó dentro de la Población Económicamente Activa (PEA) en un 80% entre los años 2001 y 2010. El 48% de emprendimientos lo gerencia las mujeres.

Mercedes, con su mirada convencida por la experiencia, exige un reconocimiento adecuado del trabajo: “Que sea reconocido desde el Estado a nuestros compañeros que valoren todo el trabajo. Que nos aseguren un trabajo digno, que sea valorado, reconocido el trabajo justo. Nos discriminan yo he pedido que me paguen el sueldo básico, me dicen que hay que lavar, de barrer, de cocinar, de cuidar los wawas, me propone 190 y eso no me parece un sueldo justo, yo como mujer y como madre necesito un sueldo justo”.

Esta realidad, por supuesto, no es exclusiva del campo, como Mercedes, las mujeres en las áreas urbanas luchan también contra la desigualdad estructural que muestran las cifras.

Rita, es una mujer de 40 años que se dedica al trabajo del hogar, vive en una zona urbana, con acceso a todos los servicios, ella se encarga del trabajo de cuidado desde que se casó, explica el motivo que la llevo a quedarse en la casa, a pesar de ser una profesional: “Yo era profesora de un jardín de niños, pero no me pagaban bien, mi esposo tenía que trabajar para pagar las deudas, la comida y como los dos estábamos afuera, quién se iba a ser cargo de la casa, de nuestra hija. Yo pienso que aquí en la casa se trabaja más, yo hasta le he cuidado a mi suegra cuando está enferma pero eso nadie me paga, son dos trabajos por un solo sueldo, el de mi marido”

En el caso del trabajo doméstico o no remunerado, las mujeres dedican en promedio 31:49 horas semanales frente a las 22:40 horas semanales que utilizan los hombres. Tiempo considerablemente mayor pero no valorado ni reconocido socialmente. Las estadísticas mundiales revelan que este trabajo no reconocido aporta mucho más a la economía de los países. Según el informe del secretario general de la CSW61 de este año denominado “El empoderamiento económico de la mujer en el cambiante mundo del trabajo: “El trabajo no remunerado y el empleo del hogar alcanzan un valor equivalente a entre un 10% y un 39% del producto interno bruto. Esto significa que puede contribuir más a la economía que la industria, el comercio o el sector del transporte.” Eso lo confirma el INEC, 15,41% del Producto Interno Bruto del Ecuador, resulta del trabajo no remunerado.

En abril de 2015 la Asamblea Nacional del Ecuador, aprobó la Ley de Justicia Laboral y Reconocimiento del Trabajo del Hogar, en el que establecía que las trabajadoras no remuneradas del hogar, podían acceder al Seguro Social, hasta 2016 habían 171.390 personas que se habían registrado.

Esta ley causó gran controversia en el país, no solo por la eliminación del 40% del aporte del Estado para el pago de pensiones jubilares, también lo fue, porque el aporte para las trabajadoras no remuneradas del hogar sale del fondo familiar de las mismas trabajadoras que va desde los 2 hasta los 46 dolares dependiendo de la situación económica familiar.

Para que el desarrollo de las mujeres sea eficiente, el Estado tiene responsabilidad directa en la garantía de condiciones dignas de las mujeres en el trabajo de cuidado remunerado y no remunerado y promover que la sociedad cambie los patrones socioculturales que determinan las actividades en relación a la condición de género, el sentido de la maternidad y el cuidado como un trabajo que sostiene una parte importante de la estructura del sistema de producción. Otorgando las medidas necesarias en todos los aspectos de la salud integral, primordialmente los derechos sexuales y reproductivos que como sentimos en el testimonio de Mercedes, están íntimamente ligados en la posibilidad de emancipación y autonomía económica.

 

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